La instalación, la primera que se construye en el País Vasco en veinte años, contará con 40 MW de potencia y una inversión de 56 millones entre el Gobierno vasco e Iberdrola
Álava vivirá este otoño una de las inauguraciones de obra pública más relevantes de los últimos años: la del parque eólico de Labraza, en la Rioja Alavesa. Se trata de una infraestructura llamada a marcar un hito en el mapa energético vasco, ya que será el primer parque eólico que se levanta en Euskadi en las últimas dos décadas.
El proyecto está impulsado conjuntamente por el Gobierno Vasco –a través del Ente Vasco de la Energía (EVE), el organismo público encargado de las políticas energéticas del Ejecutivo autonómico– e Iberdrola, una de las principales compañías eléctricas del país.
Labraza abastecerá al equivalente a 30.000 hogares tras una inversión conjunta de 56 millones de EVE e Iberdrola
Entre ambos afrontan una inversión conjunta de 56 millones de euros para sacar adelante una instalación que contará con una potencia total de 40 megavatios (MW) y cuya puesta en funcionamiento está prevista para finales de este mismo año.
El parque avanza con la llegada de las primeras palas de los aerogeneradores a las instalaciones, que anticipa que las obras entran en su recta final antes de la conexión definitiva a la red eléctrica. La instalación contará en total con ocho aerogeneradores, todos ellos del fabricante Siemens Gamesa, con una potencia individual de 5 MW cada uno, hasta completar los 40 MW de potencia total que tendrá el conjunto del parque una vez esté plenamente operativo.
La fabricación de los distintos componentes que integrarán el parque de Labraza supone, además, un impulso relevante para la cadena de suministro de la industria eólica vasca, un sector que encuentra en este proyecto una oportunidad para demostrar su capacidad productiva.
Junto a Siemens Gamesa, encargada de la fabricación de los propios aerogeneradores, otras empresas vascas participan también en el proceso: las multiplicadoras, uno de los componentes mecánicos esenciales de los aerogeneradores, se fabricarán en las instalaciones que la compañía tiene en Asteasu (Gipuzkoa), mientras que la subestación eléctrica necesaria para evacuar la energía generada correrá a cargo de EDS Ingeniería y Montaje, empresa con sede en Galdakao (Bizkaia). De este modo, el proyecto no solo representa una apuesta por la generación renovable, sino también un encargo industrial que involucra a distintos puntos del territorio vasco.
Capacidad anual
Una vez en marcha, el parque eólico de Labraza tiene capacidad para producir anualmente 99.679 megavatios hora (MWh), un volumen de energía renovable que resultará suficiente para abastecer el consumo eléctrico de 30.000 hogares.
Además de su aportación energética, el parque tendrá también un impacto ambiental positivo, ya que se estima que su funcionamiento permitirá evitar la emisión a la atmósfera de 16.300 toneladas de CO2 al año, una cifra que sitúa a la instalación como una pieza relevante dentro de los objetivos de transición energética y reducción de emisiones que persigue el Gobierno vasco.
Parque eólico de Labraza Pilar Barco
Pese a estas cifras, se trata de un proyecto que no ha estado exento de polémica desde su origen. El parque ha sido objeto de críticas por parte de determinados colectivos medioambientalistas y de algunas formaciones políticas desde que el EVE lo presentara por primera vez, antes de que estallara la pandemia.
Es decir, se trata de una iniciativa que ha tardado varios años en materializarse y que ha convivido, a lo largo de ese tiempo, con un rechazo social que los propios promotores han tratado de abordar de distintas maneras.
Con el objetivo de involucrar a la ciudadanía en el desarrollo del proyecto y mitigar precisamente ese rechazo social, los promotores optaron por abrir un proceso de financiación conocido como ‘crowdlending’, una fórmula de préstamo colectivo mediante la cual los particulares pueden aportar capital al proyecto a cambio de una rentabilidad determinada.
En la respuesta ciudadana se recibieron solicitudes por valor de 6,5 millones de euros, más del doble de los tres millones de euros que se habían ofertado originalmente, lo que da una idea del interés que despertó la fórmula entre la población de la zona.
De hecho, han sido precisamente los vecinos de las localidades más próximas al parque –Labraza, Barriobusto y Oion– quienes han cubierto el 60% de esa demanda de inversión, convirtiéndose así en una parte fundamental de la financiación del proyecto.
A cambio de su participación, estos inversores obtendrán una rentabilidad anual garantizada del 7% durante tres años, una cifra sensiblemente superior a la de otros productos de ahorro convencionales.
Además de esta rentabilidad económica, los vecinos podrán beneficiarse también de tarifas eléctricas reducidas durante toda la vida útil de la instalación, lo que constituye un segundo incentivo pensado para compensar el impacto de tener un parque eólico de estas dimensiones en su entorno más cercano.
Señal de protesta al parque eólico de Labraza Pilar Barco
El impacto económico del proyecto no se limita a los particulares que han decidido invertir en él. El parque eólico de Labraza generará también un ingreso inicial de 1,2 millones de euros para las arcas municipales de Oion y Aguilar de Codés, los dos municipios en cuyo término se ubica la instalación.
A este ingreso inicial se sumarán, además, 230.000 euros anuales en concepto de impuestos y cánones recurrentes, una cantidad que se prolongará a lo largo de toda la vida útil del parque y que supondrá un ingreso estable para las cuentas municipales de ambas localidades en los próximos años.
Tensiones sobre el terreno
El proyecto, sin embargo, no ha estado exento de tensiones sobre el terreno. Al tratarse de la primera instalación de estas características que se construye en Euskadi en veinte años, las protestas en su contra han sido constantes desde su presentación, y en algunos casos han derivado incluso en detenciones.
El pasado mes de mayo, sin ir más lejos, cinco activistas decidieron encadenarse en Labraza como forma de protesta, concretamente en la plataforma de uno de los futuros aerogeneradores que formarán parte del parque, en una acción que buscaba visibilizar el rechazo de una parte de la población al proyecto.
Más allá de esta acción puntual, el colectivo vecinal opositor y la red Euskal Herria Bizirik han mantenido de forma periódica concentraciones frente al Ayuntamiento de Oion y también en distintas capitales vascas, como forma de mantener viva la protesta a lo largo del tiempo.
En estas movilizaciones, los colectivos denuncian que el equipo de gobierno local ha priorizado el beneficio económico derivado del proyecto por encima del impacto que este tendrá sobre el entorno rural y el paisaje de la zona, una crítica que resume buena parte del argumentario de los sectores contrarios a la instalación.
Concentración de Araba Bizirik a favor
de la paralización de la central eólica de Labraza Alex Larretxi
Por el lado de los opositores, vecinos y colectivos ecologistas denuncian, en primer lugar, la destrucción irreversible del entorno natural, con especial atención a los ricos ecosistemas que caracterizan los montes alaveses de la zona.
A ello añaden un rechazo de fondo hacia lo que consideran un modelo de megaproyectos energéticos centralizados, que tiende a concentrarse precisamente en zonas de alto valor natural como esta.
Frente a estos argumentos, el EVE e Iberdrola defienden el parque de Labraza como una pieza clave para avanzar hacia la autonomía energética vasca, en un contexto en el que las administraciones autonómicas buscan reducir su dependencia energética exterior a través de fuentes renovables como la eólica.
A estos argumentos ambientales, los promotores suman también los de carácter económico y social, destacando la creación de empleo asociada al proyecto, tanto durante su construcción como en su posterior mantenimiento, así como la posibilidad de cofinanciación abierta que se ha ofrecido a los ciudadanos alaveses a través de la fórmula del crowdlending, presentada por los propios impulsores como una manera de repartir también los beneficios económicos del parque entre la población más cercana a él.
