Así se vive el ‘post’ txupinazo

Baldes de agua, fuentes y algún que otro puro marcan los momentos posteriores al pistoletazo de salida de las Fiestas de la Virgen Blanca

Vitoria-Gasteiz, por fin, está de fiestas. Desde el monumento a la Batalla de Vitoria hasta las arterias aledañas a la plaza, nadie ha querido perderse el txupinazo del 4 de agosto. Una plaza que, desde aproximadamente las 16.00 horas, se ha ido tiñendo de su colorido habitual, con gente luciendo camisetas dispuestas a mancharse de vino a los pocos minutos, y con mucha, mucha alegría.

Y es que, haga calor o no, lo que nunca falla son los litros de agua lanzados desde lo alto de las viviendas. Como marca la tradición, los baldes de agua que los vecinos han arrojado desde balcones y ventanas a los viandantes sumidos en la vorágine festiva han sido un clásico más del 4 de agosto.

Una vez finalizado el discurso de Iñaki Kerejazu, en el que ha recordado a «aquellos que no están» y ha reivindicado justicia por la masacre del 3 de marzo, ha llegado el momento de abandonar la plaza con paso firme para arrancar las fiestas. A partir de ahí, cada cual ha tirado por su camino: unos se han dirigido hacia las calles del Casco Viejo para empezar a celebrar; otros han preferido inmortalizar el txupinazo en plena Plaza de la Virgen Blanca; y la mayoría ha optado por una ducha reparadora para desprenderse del olor a vino, mientras el servicio municipal de limpieza trabajaba a destajo para dejar la plaza como nueva. El dispositivo de la Ertzaintza, por su parte, ha llamado la atención a los allí presentes por su magnitud, difícil de justificar en una jornada en la que la ciudadanía congregada en la plaza se ha comportado en todo momento de manera festiva.

Despliegue de la Ertzaintza tras el txupinazo Pilar Barco

Maratón de actividades

Concluido el acto, ha comenzado una auténtica carrera contrarreloj por exprimir al máximo el primer día de fiestas. Quienes han vivido la bajada de Celedón en zonas más tranquilas han llegado más limpios y han podido lanzarse ya a recorrer las calles aledañas; otros jóvenes, en cambio, han preferido volver a casa a cambiarse y refrescarse con una ducha, mientras las familias con niños se han dirigido directamente a ver a la comparsa de gigantes y cabezudos.

Para quienes han acabado más manchados, las fuentes públicas se han convertido en la solución más socorrida para hidratarse y quitarse el olor a vino, una de las estampas más clásicas del txupinazo, junto a quienes han encendido el puro y han brindado con cava. «¡Vamos a buscar una fuente, o qué!», ha comentado un grupo de amigos que ha llegado a la cita con camisetas, pero las ha abandonado nada más terminar el chupinazo. Así pues, con la Plaza de la Virgen Blanca impoluta pocos minutos después de alcanzar el éxtasis festivo, Vitoria-Gasteiz se ha puesto el pañuelo al cuello para vivir jornadas festivas hasta el 9 de agosto.